David Ruiz | Economía y Cultura
El contrato social
“El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir esto es mío y halló gentes bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: ¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de nadie!” Estas palabras de Rousseau (Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, 1755) nos sitúan en su concepción del estado en el más amplio sentido. De esta manera, una vez el hombre sale de su estado natural, necesita “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes. Tal es el problema fundamental al cual da solución el contrato social”
La RSC, material altamente inflamable
Publicat originalment al blog L’estraperlista i recuperat a Interacció, aquest article de Carme Rodríguez qüestiona l’ús de la Responsabilitat Social Corporativa com a relat legitimador dins les institucions culturals. A partir de casos concrets, assenyala com determinades pràctiques que es presenten com a responsables poden amagar precarietat laboral, externalitzacions problemàtiques o aliances amb actors econòmics amb impactes socials i ambientals discutibles. Interacció el recupera perquè aquest desajust entre discurs i pràctica continua travessant el sector: la RSC sovint opera més com a cobertura simbòlica que com a transformació real de les condicions en què es produeix la cultura. (n. de l'e., 2026)