(Re)pensar la interpretación en teatro y cine a partir de IMPAR

el balcón de la espera

¿Qué es un actor?, ¿es lo mismo un actor de teatro que de cine? La respuesta a la primera pregunta parece ser destinada a llenar libros y libros sobre el asunto. La segunda puede ser tramposa pero está claro que interpretar en un escenario y hacerlo delante de cámaras es absolutamente diferente.

Escribiré desde mi experiencia y observación, poca o mucha, intensa o dispersa, más que desde la teoría, siempre más justificada como argumento válido.

He  visto como actores en cine han repetido 17 veces una toma por incapacidad propia y han acabado triunfando con respecto aquellos que solo le sirvieron 1 o 2 tomas para mostrar su talento y profesionalidad. El montaje final es lo que tiene, priva al público del conocimiento del proceso y sus conflictos. De primeras es una de las grandes injusticias del cine que por ejemplo en teatro es imposible que ocurra. La crueldad del teatro, su tensión y su “verdad” dependen de lo que ocurre en el riguroso instante. Curiosamente he visto flaquear a actores en el escenario que han tenido un enorme reconocimiento de su fragilidad por parte del público en el instante de la flaqueza. Se produce como la llamada convicción consciente de Meyerhold, no deseada por supuesto, pero capaz de generar catarsis.

Se podría decir que el cine busca constantemente al teatro, lo ha hecho en el pasado a partir de los contenidos producidos por el teatro y la literatura y con el fallido teatro-filmado. Incomprensiblemente aplicar el lenguaje cinematográfico a lo teatral sin más no sirve. Todo aquello que es filmado debe estructurarse desde el lenguaje de lo cinematográfico, la imagen niega la materialidad física de la escena. En cambio el cine busca el efecto de realidad física teatral, a partir de los planos secuencias o de esforzar a los actores a que realicen interpretaciones dignas de lo teatral. Se busca la excelencia de lo cinematográfico a partir de lo teatral, el teatro da prestigio al cine.

Pero lo radicalmente distinto de ambas artes radica en sus ensayos. El actor de teatro se enfrenta a la repetición el de cine a la técnica. La liberación en el teatro llega a partir de una especie de interiorización mecánica que desde la eterna repetición  se convierte y se transforma en algo absolutamente diferente de lo repetido. En el cine, en ocasiones, la técnica salva al actor de su propia interpretación y provoca que por ejemplo la fotografía sea la liberación de su representación.  Aunque hay que decir que el actor de cine, necesita el arte de la mirada. Un primer plano sostenido no es suficiente con una buena fotografía, necesita de algo más, esa intensidad que genere una brecha entre la imagen y el espectador.

Aunque decir que nos encontramos en un momento donde el lenguaje dominante es el del espectáculo y eso homogeniza la interpretación teatral, cinematográfica y televisiva.

El desafío de los actores.

En los ensayos en el teatro, nada se interpone entre el director y el actor. Enfrentarse al actor es complejo, he podido percibir desconfianza, palpar la tensión, cosa absolutamente normal, teniendo en cuenta que  nunca un actor está más desnudo como en el teatro. (...)

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